Los hongos y los “micotextiles”
El planteamiento sobre que la biotecnología ofrece herramientas esenciales para seguir avanzando, mejorar la calidad de vida de las personas y asegurar un futuro más sostenible. Así los entusiastas de la biotecnología, presentan esta nueva tecnología.
Se ha publicado la utilidad de algunos hongos como estrellas de la economía sostenible. Su composición los ha lanzado para conseguir productos finales con un menor impacto ambiental para que contribuyan a la traída y llevada descarbonización.
Un inventario dado a conocer en distintos medios escritos sobre utilidades aparentemente más novedosas que las ya conocidas, no dejarán de sorprender.
Los hongos abundan en la naturaleza. Formados comúnmente por un micelio (filamentos ramificados), que ha llamado la atención de empresas para obtener productos finales con menor impacto ambiental. Veamos algunos ejemplos.
En los Países Bajos se ha ideado la construcción de féretros y urnas funerarias hechos a base de micelios de hongos y fibras de cáñamo recicladas que en condiciones apropiadas se degradan en 45 días. La empresa Loop Biotech sustituye la madera convencional por el micelio de hongos que multiplica en sus instalaciones.
La multinacional española Antolín ha conseguido un material a base de micelio y restos vegetales con el que fabrica piezas para coches, desde un parasol a un techo para automóvil.
La empresa KIA ha ensayado el uso de micelio que combina resistencia con tacto suave, como un sustituto del cuero en el modelo Concept EV3.
La firma de muebles de alta gama Ligne Roset, el fabricante de sombreros de lujo Fouquet, han confiado en la empresa productora de tejido a base del micelio de hongos.
La empresa Adidas llegó a un acuerdo con Bolt Threads para poner en el mercado unas zapatillas confeccionadas con Mylo, material creado a partir de un cultivo de un hongo que tarda menos de dos semanas en crecer en condiciones controladas.
En España hay “startups” especializadas, que partiendo de los hongos comercializan bacon y pechugas de pollo que imitan a los procedentes de animales.
Un hongo del género Ganoderma y el material que produce en la actualidad se conoce con el nombre de “reishi”, que es el nombre común en japonés del hongo. La estructura del “reishi” tiene propiedades atractivas. Tacto ligeramente aterciopelado, es flexible, absorbe aceites y produce calor en los dedos al tocarlo. Es, totalmente biodegradable, lo que permite su degradación.
Estas novedades aportan un cambio cultural poco o nada conocido en las sociedades actuales. Sin embargo, las actividades con los hongos para elaborar utensilios son conocidos desde hace más de un siglo.
En Rumania es centenario uno de los usos de los conocidos “hongos yesqueros” Los artesanos recorren los bosques buscando a estos hongos (Fomes fomentarius) que crecen en los troncos de los árboles y sus cuerpos fructíferos tienen forma de sombrerete y los arrancan cortándolos en finas tiras de color canela. Posteriormente martillean las tiras hasta transformarlas en anchas cintas que se asemejan al fieltro, que sirven para confeccionar bolsos, sombreros y otros accesorios. No es el único caso. En 1903 una información aparecida en la prestigiosa revista Mycology, los artesanos tlingit de Alaska, fabricaban bolsas con un material resistente parecido a una estera, utilizando para ello un hongo endémico de los bosques primarios de la costa de Canadá y del norte de los Estados Unidos de Norteamérica.
Una vez más la biotecnología, aprovechando conocimientos antiguos, empieza a producir lo que se ha denominado como “micotextiles”.
Julio C. Tello Marquina
Profesor emérito
Universidad de Almería