Nota de Prensa de Julio Cesar Tello

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En la actualidad se libra un debate sobre el tipo de relación que deseamos tener con la inteligencia artificial

El pasado mes de enero, Anthropic publicó la nueva constitución de Claude, un documento de 23.000 palabras que no solo establece reglas de comportamiento para su modelo de inteligencia artificial (IA), sino que intenta responder a la pregunta de fondo: ¿puede una inteligencia artificial ser poderosa y a la vez ser respetuosa con la autonomía humana?. Es decir puede ayudar sin sustituir y guiar sin dominar. Es decir, insistiendo, Claude, según Anthopic debe tratar al usuario como un adulto inteligente.

En los foros técnicos, en las comunidades hacker y en los rincones descentralizados de internet, una nueva figura está robando titulares: clawdbot. No confundir con Claude. Se presenta como el “asistente personal definitivo”, pero con una diferencia fundamental: se ejecuta localmente bajo tu control, en tu servidor, sin depender de nubes corporativas ni supervisión institucional. “Toda la potencia de la IA a tu servicio, con tu control”. Así lo resumen uno de sus impulsores. Su instalación es relativamente sencilla, su mantenimiento barato. Su oferta es clara, devolver el poder al usuario.

Ambos modelos estan redefiniendo la relación entre humanos y máquinas. Ambos caminos tienen riesgos. Claude puede derivar en paternalismo algorítmico. Clawdbot en anarquía digital. Uno puede volverse demasiado prudente y el otro temerario. A la hora de elegir entra los dos modelos de IA, Claude nos ofrece un pacto ilustrado, clawdbot una promesa libertaria.

Hay una serie de investigadores que consideran que la IA está estancada. El lenguaje no da para más. Los desarrolladores de la IA, topan con la máxima filosófica “el mapa no es el territorio”. Es decir, por muy sofisticado que sea el plano no es igual que experimentar con el terrano físico. A partir de aquí, se plantean la siguiente pregunta: ¿puede la inteligencia existir sin un cuerpo?

Desde un punto de vista biológico, el argumento a favor de vincular la inteligencia y cuerpo (no solamente cerebro) se sostiene no solo en que los animales pueden entender y resolver problemas, sino que también las plantas pueden hacerlo, aunque las plantas no tienen un cerebro ni neuronas, pero su inteligencia se define por su capacidad para resolver problemas y adaptarse. Pueden “oir” sonidos, “recordar” estímulos pasados, “tomar decisiones” para tomar agua, defenderse de los depredadores y “comunicarse” entre ellas mediante señales químicas. Y, las neuronas son son tampoco exclusivas del cerebro en el caso de los humanos, en el estómago y en todo el tracto digestivo hay millones de neuronas que conforman el sistema nervioso entérico, conocido como el “segundo cerebro” y no solo controla las funciones digestivas, influyen en las emociones y el comportamiento, es parte de lo que consideramos inteligencia humana.

Esta tendencia busca una inteligencia que no solo pueda conversar, sino que sea capaz de actuar por si misma porque experimenta y conoce el entorno.

Julio César Tello Marquina

Profesor emérito

Universidad de Almería

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