Un recuerdo para la Escuela de Salamanca
Los teólogos del Siglo XVI no inventaron
la empresa pero contribuyeron a hacerla
moralmente posible
John Müller
Es tan triste que en nuestra formación en las escuelas y en los institutos, nada de las enseñanzas que
generaron en la Universidad de Salamanca los teólogos, han llegado a muchos de nosotros. Y me irrita
escuchar a gentes de otras latitudes, cuyas transacciones comerciales estuvieron guiadas por las ideas
económicas de los teólogos salmantinos, y que parecen no conocer las guías que rigieron los caminos de
economía.
La Escuela de Salamanca, hizo que el pensamiento español iluminase al mundo.
¿Puede el comercio ser justo?. La pregunta parece obvia hoy, pero en la Europa del siglo XVI era
controvertida. La Iglesia recelaba del lucro, el poder político intentaba fijar precios y la expansión
económica generaba situaciones que el derecho medieval no sabía juzgar.
Fueron los teólogos y juristas de la Escuela de Salamanca – Francisco de Vitoria, Domingo de Soto,
Tomás de Mercado, Martín de Azpilicueta, Luis de Molina – quienes respondieron esa pregunta con rigor,
construyendo algunos fundamentos intelectuales de lo que hoy llamamos empresa.
Aquellos autores vivieron en un época de expansión económica extraordinaria. España estaba
conectada con América, Europa y Asia. Circulaban metales preciosos, mercancías, crédito, letras de
cambio e información. Aquella globalización planteaba preguntas que siguen vigentes: ¿Cuándo es justo
un precio?, ¿qué beneficio puede obtener un comerciante?, ¿qué límites debe tener el poder político?,
¿cuándo un contrato es libre y cuándo abusivo?. Aquellos sabios de la Escuela de Salamanca no
inventaron la empresa moderna, pero sus planteamientos siguen vigentes.
El legado de Francisco de Vitoria sigue influyendo desde hace 500 años en la economía, los derechos
humanos y la filosofía occidental.
Julio C. Tello Marquina
Profesor Emérito
Universidad de Almería