Recuerdo de Darwin a partir del enjuiciamiento de su obra en el estado de Tennessee en el siglo XX
Recientemente se publicaba un hecho que recordaba la discusión paradigmática entre el
fundamentalismo religioso y la ciencia.
La pequeña población de Dayton situada en Tennessee (EE:UU) acogió en 1925 un juicio que captó la
atención de todo el país. John Scopes un joven profesor de instituto, fue acusado de enseñar la teoría de la
evolución de Darwin contraviniendo una ley estatal que lo prohibía. El “juicio del mono” como lo
denominó la prensa de todo el país, tuvo una trascendencia importante. El proceso se inició en julio de
1925. En marzo del mismo año el estado de Tennessee había aprobado la ley Butler que prohibía la
enseñanza de la teoría de la evolución en las escuelas. El resultado del proceso tras solo nueve minutos de
deliberación, el jurado concluyó que Scopes era culpable de haber violado la ley del estado. En 1927 el
tribunal supremo estatal falló que la ley se ajustaba a la constitución del estado. Sin embargo, anuló la
sentencia contra Scopes por una cuestión técnica: la multa debió ser fijada por el jurado, no por el juez. La
ley Butler fue abolida en 1967, tras otro caso de un maestro acusado de infringirla en sus clases: ¡42 años
después de su aprobación!. Mi recuerdo es nítido, durante mis años de estudiante en ninguna asignatura
me enseñaron las leyes de la evolución darwinianas.
Charles Darwin publicó en 1859 su obra “El origen de las especies” mientras el imperio británico se
extendía por toda la tierra. Su teoría sacudió los cimientos del pensamiento científico, social y hasta
religioso. En esencia afirmaba que “las especies evolucionaban a través de la selección natural”. Una
pequeña variación si es útil se conserva.
El filósofo y sociólogo Herber Spencer leyó la obra y la aprovechó para justificar sus propias teoría
supremacistas. Fue Spencer quien acuñó la frase: “Es la supervivencia del más apto” que inauguró el
darwinismo social: para que unos pocos ganen, muchos tienen que perder.
Darwin nunca dejó a un lado la cooperación, no era un hombre de frases grandilocuentes. Su estilo era
minucioso, detallado. Quizás por eso, mientras en el mundo se extendió una significación simplificada:
“la ley de la jungla”. Darwin escribió que “la naturaleza está llena de ejemplos donde los individuos
ayudan al grupo y los instintos sociales estan también regulados por la selección natural”
El darwinismo social promovido por Spencer y otros, extrapoló las ideas evolutivas para justificar
desigualdades políticas y coloniales como la explotación de los más vulnerables. Este enfoque fue
expresado en muchas ocasiones. Un ejemplo lo brindó John D. Rockefeller: “El crecimiento es un gran
negocio se basa en la supremacía del más apto”. También de manera atroz se puso de manifiesto en las
políticas del nazismo que buscaban “mejorar” la especie humana eliminando a los que consideraban mas
“débiles” o “inferiores”.
Desde el punto de vista científico hubo que esperar hasta finales de los años sesenta del siglo XX que
una joven científica, Lynn Margallus, propuso que las células complejas surgieron cuando células simples
engulleron otras y establecieron relaciones simbióticas permanentes. Su artículo donde recogía esta
propuesta fue rechazado por quince revistas científicas antes de su publicación. Décadas después la
evidencia acumulada ha confirmado su propuesta. El ácido desoxirribonucleico (ADN) de mitocondrias y
cloroplastos (orgánulos que realizan la fotosíntesis en las células vegetales) revelaron su origen
bacteriano. La endosimbiosis no es un evento aislado en la evolución. La naturaleza está llena de ejemplos
donde la cooperación supera a la competición como estrategia de supervivencia. Tenemos en nuestro
cuerpo más células bacterianas que humanas
Julio César Tello Marquina
Profesor Emérito
Universidad de Almería