Julio Cesar Tello

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Las chaperonas y el poder del rubisco

Los seres humanos están compuestos por unos 30 billones de células. A su vez las células son un universo en si mismas, un territorio hostil en el que trabajan, se asocian, se reproducen y se matan millones de moléculas de forma constante. En el interior de las células operan las proteínas que son “ladrillos de vida”. Cada proteína desarrollará una función específica y acabará siendo parte de un riñón, del cerebro o de otro órgano. En cada célula hay 42 millones de proteínas, cada una de ellas, siguiendo las instrucciones inscritas en el ácido nucleico (ADN), desarrollará una función específica. Para tal fin la proteína (cadena de 20 aminoácidos) previamente tiene que plegarse para convertirse en tridimensional. La forma determina su función. El descubrimiento a finales de los años ochenta del siglo pasado por el Dr Ulrich Hartl, actual director del Instituto de Bioquímica Max Planck de Múnich (Alemania), de las chaperonas (*) aportó un conocimiento con utilidad.

¿Cómo funcionan las chaperonas? Son proteínas grandes formadas por varias proteínas que se pliegan creando una burbuja que capta una proteína que esté en proceso de formación, la atrapa como si fuera una mariposa y con una tapa la protege del competitivo ambiente. Cuando la proteína atrapada se ha plegado, la chaperona retira la tapa para que la proteína vuelva libre al citoplasma celular.

En la actualidad se estudian las chaperonas para preparar medicamentos y evaluarlos por su actividad curativa en las enfermedades neurodegenerativas.

Estos conocimientos me han sorprendido, pero la sorpresa ha ido en aumento cuando me ha llegado información sobre el rubisco, que me ha trasladado al mundo de la agricultura y a la falta de alimento que deberá ser incrementada su producción en un 50 por ciento en los próximos 40 años.

El rubisco es una enzima de las plantas imprescindible para la realización de la fotosíntesis. Es muy poco eficiente y depende por completo de las chaperonas. En la actualidad el objetivo es hacer un rubisco mejor para que los vegetales aprovechen más eficientemente el agua o resistan mejor el calor.

En 2017 se produjo por primera vez un rubisco vegetal funcional en una bacteria, un descubrimiento estrictamente necesario para poder experimentar con él. Los ensayos para evaluar la mejora de la eficacia del rubisco están en marcha.

 

Julio C. Tello Marquina

Profesor emérito

Universidad de Almería

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